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El recurso invisible que determina la calidad de tus decisiones: las emociones


"No son los acontecimientos los que destruyen una empresa. Son las decisiones tomadas bajo el impacto de esos acontecimientos."

¿Quién dirige realmente tu empresa?

Muchos empresarios creen que son ellos quienes toman las decisiones.

Sin embargo, pocas veces se preguntan algo mucho más importante:

¿Quién está tomando esas decisiones?

¿La razón?

¿La experiencia?

¿O el miedo?

Un líder puede tener veinte años de experiencia y, aun así, perder un gran contrato por reaccionar desde el orgullo.

Puede contratar a la persona equivocada por desesperación.

Puede despedir a un colaborador valioso por enojo.

Puede rechazar una oportunidad por inseguridad.

La realidad es que ninguna decisión es completamente racional.

Toda decisión pasa primero por el filtro de nuestras emociones.

Por eso, quien no aprende a administrar sus emociones termina permitiendo que ellas administren su empresa.


El liderazgo comienza por el autoliderazgo


Existe una enorme diferencia entre controlar las emociones y comprenderlas.

Reprimir una emoción no la elimina.

Simplemente la esconde.

Y tarde o temprano aparecerá en forma de estrés, agotamiento, conflictos o malas decisiones.

Un líder emocionalmente inteligente no ignora lo que siente.

Lo observa.

Lo comprende.

Y decide cómo responder.


Los cuatro pilares de la inteligencia creativa en armonía


Después de trabajar durante años con personas y organizaciones, he comprobado que existen cuatro capacidades que transforman la manera en que un líder interpreta la realidad.

1. La percepción

Dos empresarios pueden enfrentar exactamente el mismo problema.

Uno ve una amenaza.

El otro descubre una oportunidad.

La diferencia no está en el problema.

Está en la manera de percibirlo.

La percepción determina aquello en lo que decides concentrarte.

Y aquello en lo que te concentras termina creciendo.

2. La actitud

La actitud no consiste en repetir frases positivas.

Consiste en decidir desde qué postura enfrentarás una situación.

Una actitud constructiva permite mantener la claridad incluso en momentos de incertidumbre.

No elimina las dificultades.

Pero evita que las dificultades te definan.

3. La adaptación

El mercado cambia.

La tecnología cambia.

Las personas cambian.

Los modelos de negocio cambian.

El único líder que permanece vigente es aquel que desarrolla la capacidad de adaptarse sin perder su esencia.

Resistirse al cambio consume más energía que aprender a evolucionar.

4. La conceptualización

Cada persona construye una explicación sobre lo que vive.

Y esa explicación termina convirtiéndose en su realidad.

Si un fracaso significa "no soy suficiente", probablemente dejarás de intentarlo.

Pero si ese mismo fracaso significa "acabo de obtener información para hacerlo mejor", entonces el aprendizaje sustituirá al miedo.

No siempre podemos cambiar lo que ocurre.

Pero siempre podemos transformar el significado que le damos.

Y cuando cambia el significado, cambia la decisión.


La emoción siempre llega antes que la estrategia


Muchos cursos enseñan cómo hacer un plan de negocios.

Pocos enseñan cómo pensar con claridad cuando ese plan comienza a fallar.

Ahí es donde aparece el verdadero liderazgo.

Porque el éxito no depende únicamente de tener conocimientos.

Depende de conservar la serenidad cuando otros pierden la cabeza.


La inteligencia emocional no es una habilidad blanda


Durante años se habló de la inteligencia emocional como una competencia complementaria.

Hoy sabemos que es una ventaja competitiva.

Las organizaciones necesitan líderes capaces de comunicar con claridad.

Resolver conflictos.

Inspirar confianza.

Negociar.

Escuchar.

Construir equipos.

Tomar decisiones bajo presión.

Todo eso comienza por una correcta administración del mundo emocional.


Las emociones no son el enemigo del liderazgo.

La falta de conciencia sobre ellas sí lo es.

Cada decisión importante que tomes en tu empresa pasará primero por tu manera de interpretar la realidad.

Por eso, antes de cambiar tu estrategia...

Cambia tu percepción.

Antes de exigir mejores resultados...

Fortalece tu actitud.

Antes de resistirte al cambio...

Aprende a adaptarte.

Y antes de juzgar una situación...

Pregúntate si el significado que le has dado es el único posible.

Porque un líder extraordinario no se distingue por la ausencia de emociones.

Se distingue por la capacidad de convertirlas en sabiduría para decidir.


Próximo artículo:

El recurso que multiplica las oportunidades: las relaciones.

"Tu patrimonio no solo se mide por el dinero que tienes, sino por la confianza que has construido a lo largo de tu vida'.

 
 
 

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© 2010 by Eli Frías | Directora de  procesos de liderazgo & empresarial

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